lunes, 29 de agosto de 2011

Ya no me llamas por las noches con esa insistencia, ya no rebosas en mi todas tus inquietudes, parece que ya no quieras formar parte de aquel secreto. Ya no me dices te quiero, ahora tengo que sonsacarte las palabras, y si te hace ilusión sacar el móvil de tu bolsillo y ver que la llamada es mía, lo disimulas muy bien.
Ya no se produce esa sonrisa de complicidad con el cruce de nuestras miradas ni parece inmutarte mi presencia.
Tú eres ese alguien que jamás imaginé tener, eres el típico amor al que te sientes treméndamente inferior, pero tú y tu forma sutil de hacer las cosas me habéis hecho sobrepasar ciertos límites.
No sabría descifrar cuál es exactamente esa arma tan tuya, esa con la dominas cada uno de mis pensamientos, pero he de reconocer que me tiene absorbida, que si me alejo me mata pero si me acerco el objetivo me tiene más cerca y soy más fácil de suprimir. Entonces estoy dentro de dos obejtivos en los que corro peligro, pues estoy en el punto de mira y recibir un disparo de tu arma, promulgaría una herida de muerte.
Sonrío al recordar cada segundo a tu lado, cada minuto en tu boca, cada noche en tu cama, en la mía, cada momento en tus ojos o cada desliz en tu cuerpo. Son todos felices, cada vez que lo pienso nos veo sonriendo, nos veo abrazándonos o riendonos como solo tú y yo sabemos después de algún motivo de los nuestros. No me has hecho llorar, además a raíz de interceder en mi vida, me valoro un poco más cada día. Es increíble pensar que sólo me has hecho llorar de la emoción, sólo has sentido mis lágirmas en tu pecho producidas por ti mismo, recitándome el mejor de tus versos al oído cerrando una noche de pasión desenfrenada y proclamando un secreto eterno.

No hay comentarios:

Publicar un comentario